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News. La soledad del
corredor de fondo
Hay mucho joven airado en el protagonista
de la famosa película del cineasta inglés Tony Richardson.
La soledad del corredor de fondo. Sobre todo inconformismo en la carrera
hacia la nada, vacío, dignidad, deseo de demostrar la diferencia.
Treinta y tantos años más tarde mucho han cambiado las cosas.
Demoledora sorpresa suscitan nuestros jóvenes ante la pantalla
del televisor o del ordenador, mirando un punto obsesivo, imágenes
de ideología muy conservadora, moralmente pías. Los restantes
habitan la cursiva como si en la propia excepción no surgieran
terribles máscaras, asco, pose y, eso sí, cierta sensibilidad
ni siquiera demostrada todavía, por entroncar con el signo de los
tiempos: una coda fin de siglo fantasmagórica, atroz.
No es el apocalipsis antes señalado lo que reúne a los News
del Colegio de Arquitectos, sino la preferencia indefinida, valga la redundancia,
por la indefinición: armas letales de una doble vida, una doble
estética con materiales diversos, un debate fines de los años
ochenta y principios de los años noventa parece querer vendernos
temas, estilos y tendencias variadas sin demasiado fortuna, brillo, análisis
y ninguna investigación razonada y/o razonable.
Es curiosa la calidad comparativa que se observa en la obra expuesta por
la colectiva News. Y cuando me refiero a calidad comparativa trato de
denominar, de alguna forma, al deseo de todos y cada uno de los artistas
invitados por encontrar referencias que los legitimen en la historia del
arte, por ser hijos de unos padres a los que traicionar un día
y después imitar para los restos: de esa manera jamás se
sentirán solitarios corredores de fondo. Y es que se prefiere legitimidad
a bastardía, se prefieren padres conocidos, con nombres y apellidos,
padres que nos amparen, tranquilicen y defiendan hasta que el mundo sea
reducido a pavesas, que padres sin nombre, profesión, cargo ni
territorio. Desprestigio del paria.
¿Qué sería de nosotros sin Picasso y sin Duchamp?
¿Qué sería de ellos?
Posiblemente a la calidad comparativa debe responderse con calidad hermenéutica,
en este caso como suerte de explicación final del arte, y eso es
lo que se intentará, sin falsa modestia aunque con poco espacio,
con los quince jóvenes protagonistas del cambio:
Pedro Avilés presenta unos objetos, pequeños formatos, con
la ironía de vertiente lírica que le caracteriza; creador
fronterizo, entre el diseño, la publicidad y un enigmático
estigma brossiano, su mirada asimila temas dispares para después
codificarlos en un peculiar universo de signos propios y participativos.
Juan Carlos Bracho y Julia Rivera muestran "Versus-2", una extensión
de velcro rojo y morado sobre soporte rígido. Obra estilizada que
reconsidera los conceptos de ausencia y presencia en el expresionismo
abstracto, la rugosidad uniforme al tacto añade a esta dimensión
un sorprendente deseo de contacto por parte del espectador.
Marisa Mancilla, con la tabla de acrílico y grafito titulado "Postre
II" exhibe un exquisito dominio formal, no sólo en esos dibujos
que logran la entidad de fríos esmeriles anillados, joyas entrevistas,
sumergidas, sino también en la oceánica superficie crema
que desvela una poética elegante y sutil.
Enrico Micheletto narra una historia sobre la seducción femenina
con un políptico de nueve módulos que titula "Zoom".
Con técnicas mixtas, Micheletto plantea bivalencias entre cebras,
negras y amarillas, y abejas que dejan la huella abombada de su picadura
sobre pequeños lienzos cuyo resultado final es armónico,
eficaz.
José Antonio González Robles, ya en el mismo título
de su obra, "Manual para comprender a un perro y a un gato",
evoca momentos íntimos de la infancia a través de una caja
de sorpresas, divertido aparador duchampiano con cortinas, cajones y dobles
fondos que exige del visitante cinco minutos de atención, por lo
menos.
Chico López deja sobre tela plástica las huellas simbólicas
de un proceso vital de creación que rehuye de grandes concepciones
artísticas quizá para cuestionarse el propio rol del artista.
Junto a la honesta negación de referencias anteriores debe sumarse
que la obra, per se, denota intuición y capacidad mimética.
Cristina Martín Lara, una de las voces jóvenes que más
se está afianzando esta temporada, presenta "Por el azul crujiente"
un acrílico azul verdoso que forma parte de una delicada e inteligente
serie de investigación cromática: manchas que inundan el
lienzo y navegan entre la abstracción lírica y el expresionismo.
Jesús Zurita, llama la atención por su economía gestual,
"Adoración", dos lienzos levemente utilizados en sus
vértices con signos caligráficos amarillos de cierta factura
zen, metáfora que parece extraída de los Cantos Pisanos
de Ezra Pound: libertad de movimiento y concepción original del
espacio son dos de sus principales características.
Lucas Huijbregts. Con la escultura "History of art", enormes
pinceles y brochas de madera descansando sobre un gran lebrillo de cerámica,
Huybregts subraya su interés por volúmenes vistos como a
través de una lupa. Estos volúmenes generosos sorprenden
por su resultado más simbólico que analítico, más
lúdico que argumental.
Santiago Ydáñez. Podría incluirse al pintor granadino
Santiago Ydáñez dentro de la tendencia neofigurativa que
floreció a mediados de los años ochenta; pero quizá
en una vertiente más intelectualizada, con este fragmento, o instantánea
al vuelo, de un payaso de ingenua mirada atrapado en el lienzo.
MP & Rosado Garcés. El políptico de los gemelos Rosado
Garcés encierra un plural universo representativo que desborda
sensibilidad por los cuatro costados: unas rosas negras -llamemos así
a las electrografías sobre acetato-, remarcan y singularizan este
sutil rompecabezas fotográfico de resonancias metafísicas.
Javier Velasco. El rastro, la huella: marcas de un ritual performativo
que mezcla con igual intensidad, vida y arte, vídeo, fotografía
e instalación, Una modelo es cosida a una especie mesa de quirófano
con poliéster textil. La modelo se abstiene de fijar sus apetencias
-crisálida expuesta a contraluz-, y el artista, polisémico
y ambiguo, se mueve en varias direcciones.
María Caro presenta unos pulcros, originales y repetitivos volúmenes
geométricos, "Vértices como escondites", pieza
obsesiva en elementos arquitectónicos y de connotaciones místicas
-el silencio se oye, el vacío está lleno-, y aritméticas
-el número será infinito siempre que esté cifrado-,
que plásticamente funciona.
Ramón Garrido. "Círculo perfecto" (poliéster,
clavos y madera) es una escultura de belleza agresiva, un círculo
solar que atrae a pesar de la dureza que desprende, o quizá por
eso. La escultura de Garrido podría representar, por su fuerza
endogámica, la revisión contemporánea de un tótem
precolombino.
Por último, José Ruiz Dorado, nos asombra con una especie
de cortina no traspasable formada con cintas de iniciales. Un trabajo
con reminiscencias de arte póvera, soliloquio nostálgico
en el que la memoria actúa sin intermediarios ni sofisticaciones
y la creación artística es sólo un sencillo medio
de expresar lo más hondo.
Múltiples formas, soportes, ideas, tendencias y propuestas en estos
News del Colegio de Arquitectos en el año de gracia de 1999.
Alfredo Taján
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