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INSTALACIONES
Las cosas están ahí: la obra de arte, el garabato o el apero
de labranza. El asunto está en "ver", no sólo
mirar con el escepticismo del que "sabe", o el desprecio del
ignorante nato. Somos nosotros, los espectadores, los que recreamos los
objetos que se nos presentan a través de los sentidos. Pero es
imprescindible que, más que "conocimiento previo", tengamos
abierta el alma, las otras connotaciones intelectivas o culturales.
Un anuncio de ginebra decía, hace unos años: "Que raro
es lo bueno". Yo añado que también puede ser raro lo
malo. Pero, indiscutiblemente, lo que no nos conmueve, para bien o para
mal, es porque, inequívocamente, carece, en sí mismo, de
la posibilidad de transmitir algo. Dijo Tiépolo que el que pinta
exactamente un perro tiene dos perros, pero no siempre un perro y un cuadro.
MÍ querido amigo, el arquitecto Ramón Garrido, nos muestra
su interés por los objetos de uso cotidiano en el campo o en el
taller. Cosas hoy en desuso pero llenas de autenticidad y de frescura.
Los filósofos animistas sostenían, frente a los mecenistas,
que todas las cosas tienen vida propia.
¿Es arte o no lo que hace Garrido? Tiene mi respeto su búsqueda
y su intento. No todo en la vida son pinceladitas. A veces malísimas.
Pepe
MOLLEDA
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