REITERACIONES SIGNIFICANTES
Fue la Bauhaus la que en su ponderación hacia el diseño concedió estatuto
artístico y valor formal al artefacto industrial. La revolución mecanicista,
juntamente con la complicidad de algunos movimientos de la vanguardia
histórica, convirtieron los enseres de producción en emblemas y signos
de la modernidad.
El futurismo
vio en ello el más alto exponente de progreso, el
Constructivismo un medio de investigación del que se
podría extraer enseñanzas positivas para la sociedad,
mientras el Dadaísmo, desde su actitud nihilista y
escéptica, vio en ellos un magnífico instrumento de
transgresión e ironía. De este modo, a su original
naturaleza utilitaria de estos elementos, se le añadió
la consideración potencial de objeto artístico.
Siguiendo esta tradición, el artista ubetense Ramón
Garrido, a lo largo de su quehacer ha demostrado poseer
una especial sensibilidad para hacer del objeto cotidiano
en desuso, y sobre todo de la pieza industrial extraída
del arsenal de la carpintería metálica, un ejercicio
creativo como metáfora de reflexión.
"La materia, objetos arqueológicos rescatados de la
crueldad del consumo, de la violencia racista de la
producción, se centran en una base cuya trayectoria los
deja atrapados en el espacio, dentro de una línea
espiral con final mudo. Es el vacío de la araña sin
trama, sin posibilidad de desarrollo al torsionarse de
forma empírica, cada una de sus extremidades".
Estos párrafos, escritos en cierta ocasión por el
autor, entre poéticos y reveladores de un sentir ante
las cosas y su destino, indican no sólo la filosofía
que subyace en su propuesta, sino la coherencia existente
en su trabajo. En este sentido, no conviene olvidar que
la profesión de Ramón Garrido es la de arquitecto, una
facultad que le ha familiarizado con el vasto repertorio
constructivo en sus variadas características
morfológicas y tipológicas. De ahí que
fundamentalmente la materia prima de sus obras la
compongan tuercas, clavos, carretes, tubos, gomas,
maderas, etc., objetos creados por el hombre con una
función precisa que, bien sin perder su naturaleza
formal y textural, bien desgastados por el uso, cobran a
partir de su manipulación un nuevo significado. En una
acción de reciclaje, estos objetos pertenecientes a lo
que se podría denominar "arqueología
industrial", desplazados de su contexto forman parte
de una suerte de instalación, es decir, de un discurso
conceptual convertido en plataforma de sugerencias e
ideas, expuesto con una intención que permite una
interpretación abierta.
El concepto de la repetición de elementos aparece de
modo explícito en la obra de Garrido, con ello se
incardina en uno de los fenómenos más genuinos de
nuestro siglo como es el arte de la repetición, surgido
de corrientes como el Pop Art, el Minimal o el
Espacialismo, donde la serialización, la sucesión de
unas estructuras que se reiteran, nos indican la
tautología del arte y la experimentación a partir de su
propia realidad física. Como hemos señalado, la
dinámica de la repetición es consustancial en la praxis
de Garrido, sin embargo la reiteración de unos elementos
idénticos, aunque aparentemente pueda evocarnos en un
primer momento a creaciones próximas al Minimal, su
concepción es diferente. Así, allí donde hay una
voluntad manifiesta en pro de la investigación del
lenguaje desde un planteamiento de reducción de
estructuras en su esencialidad, poniendo en relación con
un espacio determinado, en el hacer del artista jiennnse
hay sobre todo una apelación a la reflexión sobre el
hombre actual, a través del objeto industrial que se
erige en símbolo y portavoz de sus logros y fracasos.
El
clavo -elemento común en la mayor parte de su obra- con
su carga simbólica de unión y prototipo de una era, el
fragmento de tubo metálico despojado de su función
conductora que le daba sentido, ahora convertida en pieza
seleccionada por su eficacia plástica... testimonios
todos silenciosos, que nos interrogan y provocan
sentimientos afines a la existencia humana, a su
incontingencia, incertidumbre, contradicciones, al
insoslayable paso del tiempo y su posterior huella, etc.
Alineados en visual clónica, guardando un ritmo de
ocupación y ausencia, el objeto sin atributo se
convierte sin embargo en fiel reflejo de su artífice, en
prueba manifiesta de una apuesta velada cuyos resultados
devienen en constante interpretación.
El objetivo de la propuesta de Garrido parece radicar
precisamente en esa pretensión de crear conciencia del
significado del objeto desde la contemplación de su
silencio y su total inmovilidad -dos de sus rasgos más
terribles, como apuntó J. E. Cirlot en su lúcido ensayo
sobre el objeto -, haciéndonos partícipes del carácter
reflector que toda obra lleva en sí, recipientes
metafóricos de deseos y anhelos de un progreso
imperfecto.
Fernando Martín Martín
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