ESPACIOS CON COSAS
Como el "poverello" de Asís, de "mirabilis vita",
el humilde y bueno Francisco " hermana flor, hermano lobo, incluso,
que ya es amar, hermano hombre, -el arquitecto jiennense Ramón Garrido-
hermana tuerca, hermana viruta, incluso, hermano hombre- también hace
amor con sencillez y humildad. Y al hacer amor, también hace arte. Un
arte especial, espacial jugando con el azar, hado, destino, casualidades.
No es claramente escultura, pero es arte, creación, que
tiene formas, volúmenes, color, textura, tiempo y ritmo.
No es "pop-art" o "new dada"; no es
escultura sígnica, hija del ZEN; son esculturas
"stabiles" que pueden ser móviles cambiando el
criterio.
Me interesa como lo hace, como llega al conjunto final.
Escoge un objeto, o parte de él, siempre hecho por el
hombre, que tubo o pudo haber tenido una misión en la
vida-máquina, herramienta, balaustrada, cuna y que ha
dejado de ser. Ya es historia o, más triste todavía, ni
siquiera pudo llegar a ser historia.
Al escoger estos elementos ya hay una clara alusión al
trabajo creador del hombre, a un principio de
arqueología industrial, a la nostalgia y a la
decadencia. Cada elemento canta con Jorge Manrique
"cualquier tiempo pasado fue mejor".
Con estos elementos hace "instalaciones" con un
determinado criterio de volumen, de peso, de color. Es
donde aparece el arquitecto -los números-, el poeta- la
repetición, el tam-tam", la reiteración de un
mismo diseño", como dice Francisco Rico el músico
en los ritmos. Esa mezcla muy buscada, muy trabajada,
nada casual, de objetos y la colocación de ellos según
una norma, una repetición, un ritmo, se transforma en
una artística instalación.
Como decía Azorín de las buenas obras de arte, también
se oyen en éstas lo que dicen. Y sus "espacios con
cosas", sus instalaciones, dicen tristes canciones
del ayer, de cuando tenían vida y valían para algo.
Las hizo el hombre como cosas útiles, las tiró el
hombre cuando le sobraron y otro hombre, Ramón Garrido
Martínez, las recogió con cariño y las despertó para
hacer de ellas unas instalaciones poéticas llenas de
resurrecciones.
JUAN DE AIZPURU
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