PRESENCIA Y REFLEXIÓN
EN LA OBRA DE RAMÓN GARRIDO
Ramón Garrido Martínez (Úbeda,
Jaén, 1961) parte de la experiencia visual para construir su universo
a través de concreciones objetuales. Arquitecto en ejercicio, su dedicación
a esta práctica de arte cuenta con una larga experiencia cuya filiación
estética pertenece a una manera de pensamiento, sin el cual, ciertamente,
nada existe en arte. Preciso decir que en esta parcela estética la
obra pertenece, de manera abierta, al conceptualismo más ortodoxo
acuñado en este siglo, esto es, al territorio donde el arte alcanza
uno de los problemas límites de su praxis y se decanta por estados
de pensamiento, partiendo de su propia reflexión y de las variables
que ésta, de alguna manera, propone con su intervención espacial en
la sensibilidad de cada receptor del hecho plástico.
Los orígenes se instalan en la conciencia del arte
norteamericano al comenzar la década de los setenta,
aunque tiene que ver con movimientos anteriores que
parten de los readimades de Marcel Duchamp creados en
1914. Su propuesta es sacar el arte de las galerías y
llevarlo a lugares abiertos al aire confundiéndolo con
la vida. De ahí la necesidad de los grandes espacios
utilizados por Robert Smithson y su apuesta por una
conceptualización de las "formas" como objetos
naturales, no siempre distorsionados, y, en otras
ocasiones, la sencilla presencia de estos objetos
establecidos como fenómenos de producción industrial,
que, de alguna manera, conecta la transformación de la
vida y las cosas remitiéndolas reinterpretadas a la
percepción colectiva.
La obra de Ramón Garrido tiene que ver con la segunda
concepción, su mundo se adentra en ciertas distorsiones
que, sin embargo, conservan intactos los orígenes de su
forma y por reiteración pasan a ser la verdadera
"forma" de una obra diferente que, de esta
manera, se precisa como su más decidida y pura
contraseña en cuanto que mero material manipulado y
sometido a la anáfora de un pensamiento mostrado en sí
mismo, poético y singular. Todo y nada, sencilla materia
o elevado sueño... En consecuencia, espacios
configurados donde las cosas habitan en su propia
mismedad que los afirma y los precisa diferentes. Cosas
de entre las cosas todas, que diría Novalis, elevadas a
otra categoría de orden superior que las habita y las
remansa como material conformado fuera de su
cosificación cotidiana hasta hacerlas símbolo del
símbolo.
En tal sentido, no es demasiado ocioso pensar que en la
sencilla percepción objetual del clavo (objeto utilizado
con profusión por este artista en muchas de sus obras)
tiene connotaciones ancestrales y, además de sus más
conocidas propiedades, habita también en el todo el
clima de pasión y gloria del Cristianismo, primero para
clavar al Mártir en la cruz, luego para desmaterializar
al Salvador y acercarlo a su Resurrección. De ahí que
el impulso adquirido por la función del Descendimiento o
representación del acto del Desenclavo sea una de las
ceremonias más extendidas en España a partir del
Concilio de Trento (1545-1563) y, en consecuencia,
latido, símbolo y presencia constantes.
No se trata entonces de precisar el objeto como elemento
desligado de su función, cualquiera que ésta sea, sino
de asignarle categoría de cotidianeidad o elevarlo a
estados superiores. Ramón Garrido tiende a proponer la
complicidad como norma de percepción colectiva, y la
ambigüedad como el territorio adecuado para sus
concreciones espaciales, abiertas, no se nos olvide, a
cualquier interpretación sensible al amplio vuelo de sus
posibilidades.
Miguel VIRIBAY ABAD Consejero del
Instituto de Estudios Giennenses
REFERENCIAS
La u, tenía que ser la u; una "o" sin cerrar,
una "a" abierta, un donut mordido..., ¿qué
importa?; si avanza o retrocede altera el sentido de los
códigos establecidos que dirigen, encasillan y
condicionan el tiempo.
Vibra el sentimiento; la emoción, el sentido y la
existencia se atrapan en esquemas, en arquetipos de
conducta; que tras la puya final desemboca en un ruedo
sin esquinas.
Que
se mueva la "u", sin ritmo prefijado,
consciente eso sí de la impotencia de sus compañeras de
viaje. Ancladas en su posición, de forma contemplativa y
encerradas en su final; esperan el momento de que
penetres en sus hechos, en la dinámica, en las
apreciaciones, los gritos y la sabiduría acumulada que
necesitan para transmitirte el desaliento y la
frustración que acumulas por el consumo de tiempo en que
has encerrado la existencia. "aunque uno viva
setenta años y el más robusto hasta ochenta, la mayor
parte son fatiga inútil, por que pasan deprisa y
vuelan" Salmo 89
R. GARRIDO
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