Pilar Lázaro Vicente

Hablar por hablar, cuando no se entiende de arte, es hablar por hablar…pero ¿qué es entender?

            Desde que conocí a Ramón, me sorprendió su obra, porque me llevaba a fijarme en cosas en las que nunca antes había reparado.

            Puntas, clavos, recortes, plásticos, hierros… tal cantidad de cosas ´´inservibles´´ cobraban vida en sus manos; como aquel listón de madera, llamado a ser barandilla, y que el destino quiso que no llegara a ser, que ´´sobrara´´, quedando marginado y excluido a ser solo un taco de madera sin uso alguno. Pero llegó Ramón, lo vio y lo rescató, le dio la dignidad que se merecía, no como pasamanos, pero sí como objeto destinado a ser visto, admirado, como objeto que forma parte de algo más, en un todo.

            En “Búsqueda y Encuentros Im Memorian”, la nada y el vacío dejaron huella en mí. Todo el mundo compra un libro, un CD en su kiosco…como es normal se queda con el objeto comprado y tira el envoltorio, el cartón, el plástico…todo el mundo menos Ramón, que en lo que se fija es en el cartón arrancado a trozos, marginado; en el plástico desvalido….., en ellos ve “algo” que los demás no llegamos a visualizar.

            Disfruté también mucho con su proyecto territorial “Soplo de Viento”; ver como conseguía que tantos jóvenes perdieran el miedo a hacer cosas que llevaban dentro, pero que les imponían respeto; les aproximó su obra, les acercó el arte para que lo tocaran, lo modificaran, haciéndoles ver que el arte no es sagrado; los introdujo en ese mundo complejo del arte con simplicidad y sin miedos.

            En fin, poco a poco, después de tantos proyectos intentando descubrir el porqué de cada objeto en ese lugar concreto y no en otro; me he dado cuenta, de que eso no es lo importante; eso es lo de menos ¿Qué más da?. En sí la obra, el resultado final ¿Me gusta? ¿Me transmite algo? ¿Me deja indiferente?¿Me aporta algo nuevo?........

            Tengo que responder con sinceridad que el resultado de tantos años de búsquedas y encuentros, como él los llama, me entusiasma, me hace ver más allá donde antes me dejaba impasible e indiferente.

            Muchas son las obras realizadas en estos veinticinco años, pero para mí, las que mejor describen tu talento, realizadas con mi ayuda y sobre todo gracias a Dios, son nuestros hijos María, Ramón y David.           

            Gracias Ramón por ver donde yo no veo, por darle una segunda oportunidad a tantos objetos destinados a la nada, y, sobre todo, por compartirlo todo conmigo, y enseñarme a ver la belleza de tantas cosas que hay a nuestro alrededor que en principio parece no tenerlas.

 

 

 

Pilar Lázaro Vicente