Ramón Molina Navarrete

LA GENIALIDAD DE UN ALMA LIMPIA

            Las palabras son piezas de un juego que se usan para disfrazar y para desenmascarar, según convenga.

            Puedo decir libertad y estar asesinando en su nombre el vuelo de los pájaros. Puedo decir esclavitud y abrir la jaula de oro donde revolotea un águila anillada.

            Puedo ver con detalle la obra de un artista y envolver con frases y párrafos enteros e incluso ensayos sublimes lo que no entiendo, ni siento, ni comprendo. Como puedo ver la expresión de un sueño mágico y desnudar con un simple vocablo el universo más allá de sus confines.

            Puedo contemplar la obra, después de veinticinco años, de un hombre formado en las formas, y decir que me descentra, me inquieta, me hace daño, me da qué pensar, me fortalece, me llena, me hace mejor... Puedo ver la obra de Ramón Garrido y decir cualquier cosa menos que me deja indiferente.

            Porque la obra de Ramón no es una obra pensada para gustar. Es una obra sentida para hacer sentir. De ahí que muchas veces ni él mismo sepa el final de lo que comienza a crear. Su obra va creciendo conforme la va alimentando, toma senderos nuevos, paisajes diferentes, relieves que ni se sospechaban…, se alimenta de lo servible e inservible, de lo que te rodea, de lo que se valora y se desprecia y se desecha, de lo que al fin somos, de lo que es para luego ser nada…, como la vida, como sucede en el espacio íntimo del creador, abierto a la inquietud del sentimiento, angustiado en su levedad, sereno en su luz divina, pleno en el amor que sacia, abrasado en su conciencia de hombre en busca de su propio destino.

            Porque la obra de Ramón no es un edificio para la comodidad, el lujo y el vacío. Es una estructura para la denuncia, la crítica, incluso la provocación, es una experimentación en el fuego de uno mismo, una invitación a la reflexión, un grito desde la cruz de la soledad y la angustia para un mundo de sordos, es una muerte anunciada ansiando la resurrección prometida.

            Puedo decir, si con mis palabras pretendo enmascarar y de paso ser aplaudido, que la obra de Ramón Garrido Martínez es “la comprensión poética de la hondura inalterable de un cosmos en vigencia dialéctica que se adentra en las esencias de lo inabarcable”… Pero si lo que pretendo es desenmascarar, entonces digo que la obra de Ramón “es el fruto de la genialidad de un alma limpia y sincera en lucha con ella misma hacia la verdad”. Y punto.

            Crea, Ramón. No dejes de crear. Es lo único que nos hace salir del barro.

 

 

Ramón Molina Navarrete

Poeta y escritor