Manuela Espigares

RAMÓN GARRIDO A PARTIR DE RAMÓN GARRIDO

            Las propias palabras de Ramón Garrido van a servirme para expresar un lienzo de las sensaciones que me producen este artista y su obra. No es la primera vez que lo hago. Ramón y yo nos conocemos desde hace años. Ambos hemos nacido en Úbeda y paseado por estas callejas árabes, judías, medievales. Y eso, perdonen el tópico, imprime carácter. En el caso de Ramón, un carácter reflexivo que no serio, comprometido que no sectario, indagador que no curioso, de su tiempo que no de lo último y moderno.

            “La materia, objetos arqueológicos rescatados de la crueldad del consumo, de la violencia racista de la producción, se centran en una base cuya trayectoria los deja atrapados en el espacio, dentro de una línea espiral con final mudo”

            Una primera frase de Ramón Garrido. ¡Se ha vuelto tan difícil decir algo original y coherente en el mundo del arte!. Siempre ha sido arduo el esfuerzo por crear un lenguaje propio, en cualquier esfera de la creación, en cualquier esfera de la vida, pero hoy es esfuerzo cuasi imposible. Ramón Garrido viene bregando desde hace muchos años por conseguirlo. Yo diría, que lo ha conseguido al fín. Y ese lenguaje no admite compartimentos estancos, divisiones artificiales, en una persona interesada por todas las facetas de la vida actual. “La crueldad del consumo”, “la violencia racista de la producción”, esa forma de expresar es bien significativa. El artista, siempre solo frente a volúmenes y espacios, frente a materiales y texturas, corre el riesgo de crear su mundo al margen de la vida, de la propia y de los otros. No es el caso. La anomia de una sociedad dispuesta a tragar con lo que venga, desde un vacio que ya no es existencial sino simplemente mental, la tiranía de unas formas de producción –nunca humanas, es verdad- pero que al menos permitían al hombre saberse parte de un algo, de un mísero colectivo tal vez y que hoy han sido sustituidas por anónimos consumos de anónimos ciudadanos, quedan bien patentes en los esfuerzos de expresión de Ramón Garrido. Su obra, parafraseemos a Celaya “no puede ser sin pecado un adorno”. También para Ramón, la creación es un arma cargada de futuro.

            “Creo que lo fundamental de mi obra es lo existencial. No se trata de una obra existencial relacionada con un movimiento. Es algo que tiene que ver con la realidad, con la existencia y el sufrimiento del hombre”

            Otra frase de Ramón. Y seguimos dando vueltas sobre el mismo eje. Ya saben, los buenos artistas no hacen sino repetir una y mil veces la misma obra, la que les obsesiona, la que no pueden apartar de su cabeza. A los ojos profanos, indolentes, de un público mayoritario puede parecer que ha cambiado el estilo, los materiales, que un artista evoluciona y poco o nada queda hoy de las obras de ayer. Sólo a los ojos más superficiales. Para otros más cuidadosos y atrevidos, la obra es esa, ese monotema cuasiobsesivo, esa mística preocupación que absorbe la mente del creador y le desnuda junto a su obra. Ramón ha expresado una y mil veces sus convicciones. No es hombre de doctrina aprendida y silencio temeroso. Nada mejor que dejarse llevar por las obras de Ramón. Sin ideas preconcebidas que puedan condicionar lo que vemos, lo que tocamos, lo que nos admira, lo que nos interroga. Les invito a conocer la obra de Ramón Garrido.

 

Manuela Espigares

Periodista