Juan Manuel Álvarez Pérez

 

Hablar de compromiso entre arte y arquitectura es llamarse Ramón Garrido.

            Desde que allá por el año 86 construyera su casa, desde ese mismo instante, pensó en que ante todo tenía su morada vocación de expositor de obra artística, si no la misma casa como recorrido museístico.

            Ramón, ha sido en estos 25 años de su historia, y de mi historia personal, un referente que, como el Guadiana, aparece y desaparece y me ayuda a recordar mi historia ubetense (ahora lo hace muchas veces apareciendo por sorpresa en plenas calles de Sevilla), como si algo de sus márchamo trasladadas al campo del arte me indicara que el arte en La Loma persiste, aun en contra de las corrientes que quieren mantener en lo local lo que es obviamente universal.

            No quiero acabar sin advertir el talante artístico de quién felizmente me encuentro identificado, ya que muchas horas de plática y discusión (oficial, oficiosa u ociosa) sobre arte y arquitectura, sobre urbanismo y territorio, sobre restauración y rehabilitación, han encontrado siempre una razón de ser en esta acusada personalidad.

            Pienso que Ramón es de esa clase de artistas silenciosos - o no tan silenciosos- que merece la pena conocer, ser amigo y desde luego apoyar para que un modo de hacer suponga la identidad de una cultura que de local a lo universal, y siempre en ese “fic-bac” , se reconozca un origen donde alguien hace muchos años pensó en la oportunidad de trascender la arquitectura al arte.

 

Juan Manuel Álvarez Pérez

Arquitecto municipal y, por encima de todo, amigo