Juan Jurado Martínez

He vuelto a revisar, a analizar, a dejarme llevar en un paseo sin vereda por la propuesta de Ramón Garrido y, sinceramente, creo que en ella se radicaliza el proceso de comunicación de cualquier propuesta artística. Efectivamente, he observado la importancia del contexto a la hora de hacer crecer un objeto, del signo en el contexto, de que todo es comunicación, del valor de la transmisión, de la simbolización.

            Proceso de comunicación que nace de un intercambio, de un proceso de análisis del mundo que nos rodea, que condiciona al objeto, a su significación, que convierte a éste en un doble emisor, el que transmite esencialmente su forma, su textura, su utilidad, y el que recobra posteriormente, después que Ramón lo haya convertido en el símbolo del mundo que ve, o peor, del mundo que tantas veces no ve. La obra de Ramón, arqueología del “intramundo”, de lo leve, de lo normal, de lo sencillo, de lo cotidiano, se agranda cuando se convierte en el vehículo para comunicar vacíos, dudas, temores, ilusiones….el tejido de lo que está hecha la vida humana.

            Una metáfora, una metáfora útil si nos lleva a pensar que el sentido de la existencia, trascendamos o no, suele estar muy cerca de nuestro devenir diario. Es aquí donde, desde mi punto de vista, la propuesta comunicativa de Ramón se hace muy interesante. Es aquí, donde se identifican dos pensamientos: el arte es comunicación esencialmente y la comunicación es esencialmente arte.

            Y todo ello entretejido con una argamasa imprescindible, la honestidad nítida en la expresión del sentimiento y el pensamiento personal.

 

Juan Jurado Martínez

Profesor de Literatura en SAFA